El dueño de Cirsa, Manuel Lao, se ha visto obligado a ceder el control de los dos barcos casino que operan en Buenos Aires a favor de un empresario local llamado Cristóbal López del que se dice que es un “amigo personal” del presidente Néstor Kirchner.
Esta operación ya está prácticamente resuelta y resultó ser en realidad el acuerdo menos desfavorable para los intereses de Cirsa. Mientras Lao se ve obligado a ceder el 50 % del capital de los dos barcos bonaerenses a López, éste debe otorgarle a Cirsa el 50 % del capital del futuro casino de Rosario.
La empresa catalana, que es considerada uno de los grandes imperios mundiales del sector del juego, ha recibido sin duda un duro golpe. Los ganancias generadas en los casinos bonaerenses representan un tercio del total, por lo que la dependencia de Argentina es máxima.
Algunas fuentes aseguran que Manuel Lao fue forzado a ceder, debido a las presiones del presidente Kirchner, parte de su poder en Argentina con el fin de que este negocio tan exitoso no quedara en manos extranjeras. En definitiva, Cirsa pierde no sólo dinero sino también poder. La consecuencia positiva es que podrá seguir quedándose en Argentina y operar allí casinos.